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EDITORIAL 3Noviembre de 2007EDUCACIÓN QUE REVOLUCIONA O EDUCACIÓN DE APARIENCIA La regulación del “orden” para el “progreso” que fundamentó la “Física Social” de Comte, fueron las ideas de los países centrales que guiaron la cosmovisión de la generación del ’80. El “deber ser” del ciudadano se moldeo en esos valores y principios. El sistema educativo fue el instrumento que convocó la motivación y voluntad para apoyar la idea de libertad de la revolución liberal. La “dirigencia portuaria” encontró en el sentido misional de la educación sarmientina la palanca de concreción del cambio profundo. Hubo coherencia, implicancia mutua entre proyecto de país (políticas de estado) y políticas y contenidos educativos. La razón económica que produce la cultura civilizada desbarató la Argentina de pensarse a sí misma. El neoliberalismo reedita y vuelve a escribir de guía civilizatoria de referencia que propone como imperativo categórico y universal, pero para asegurar su impacto soslaya el “deber ser”. El “ciudadano” deviene en “individuo”. El deseo es la norma. Lo permanente “apariencia”, solo presente posibilitado por el consumo. Vivimos la tecnocracia como única alternativa cultural, porque es el pasaporte obligado hacia el consumo y la satisfacción de todos los deseos. Educación “cosmética” que no permite dar respuestas a contenidos y problemáticas que le reprochamos a los niños y jóvenes. Nosotros mismos estamos contaminados y operamos como contaminantes. El pensamiento que dinamiza una nueva Argentina profunda plantea políticas de estado que ponen a su dirigencia y la economía, cerca y para el pueblo. Construye actitudes que son anticuerpos a los vicios de importancia y poder, que enajena el tejido solidario. La educación plantea políticas educativas coherentes con las políticas de estado. Contenidos en orden a la virtud que enseñen qué es ser argentinos en un contexto globalizado. Contenidos con alto valor agregado que creen mercados sin ciénagas. La educación que revoluciona permite la pregunta, ejerce el derecho de pensarnos como sociedad que tiene un tiempo y lugar de participación. Pensarnos desde la razón que dinamiza la construcción de lo humano. Al sistema educativo, al calendario escolar, a los contenidos tenemos que pensarlos con la fuerza epistemológica del “ mundo del revés”. Lic. Hugo D. Catalin 18 – 11 - 07 |